Casa-escuela, escuela-casa. Esa era su rutina antes de conocer el mundo del Taekwondo, el que le cambió la vida a pesar de sus jóvenes 16 años. “Y eso que empecé a los ocho, sin saber nada y por hacer algo. Creía que estaba yendo a Karate, ja”, dice Andrés Gaitán, campeón en tul y lucha, en categoría juvenil del último Nacional que se disputó en Chaco. “También viajé al Panamericano de Rosario y salí campeón en lucha (peso hasta 63 kilos y juvenil), cuenta sus logros de 2013.

“El master Carlos Centeno es el director de la escuela del Complejo Ledesma. Gracias a Dios la descubrí porque es muy especial y de familia. No es el deporte lo único que nos une sino las relaciones”, recuerda orgullo. Para él la formación del Taekwondo no tiene que ver sólo con un deportista de buen desempeño, sino también en la persona. “Este deporte, junto con la familia, nos forma”, dice. Más allá de un gran año, de ser cinturón negro primer dan, es su responsabilidad dentro de la escuela la que más lo caracteriza. “Soy director de graduaciones, preparo a los niños para que se gradúen y pasen de un cinturón a otro. Ahí trato de hacer hincapié en los principios de este deporte. No es solo entrenar, entrenar y entrenar”, dice con amor total a eso que lo convierte en ejemplo dentro y fuera del tatami.

De principios

Según Gaitán, un abanderado de la enseñanza que deja su deporte, los principios sirven al momento de pelear y en la vida. “Cortesía es el primero, el  respeto que hay que  tener hacia el otro y nos hace destacar no sólo en lo deportivo”. Siegue integridad: “discernir entre lo que está bien y lo que está mal”. Luego está la perseverancia: “es fundamental para llegar al objetivo. Yo al principio no era habilidoso, ni siquiera podía levantar la pierna para correr. Encima era gordito ja”. Autocontrol es el cuarto: “el Taekwondo enseña a golpear para no golpear y siempre actuar ante un hecho de injusticia. Somos personas y tenemos cabeza para pensar. No hay que irse a las manos”, dice. Por último, el espíritu indomable: “es el que impulsa al taekwondista. Nunca rendirse sin dar batalla”. Los principios hay que cumplirlos para poder superarse, sostiene. “No sólo pensando en el primer puesto segundo o tercero. El crecimiento es la victoria de uno, no solo vencer al otro sino a uno mismo, crecer” dice un Gaitán tan joven como maduro y sobre todo acostumbrado a dar siempre el ejemplo, antes y después de cada lucha.